El padre de Kilian Jornet recuerda la infancia de sus hijos en la montaña

El padre de Kilian Jornet recuerda la infancia de sus hijos en la montaña

El padre de Kilian Jornet recuerda la infancia de sus hijos en la montaña - Indómito

Fuente: Lecturas

Kilian Jornet creció en un entorno en el que la montaña formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, Eduard Jornet, trabajó durante años vinculado a ese mundo y compartió con sus hijos una forma de entender la naturaleza que iba mucho más allá del deporte. En una entrevista concedida a ‘Sport’ en 2015, habló de la infancia de Kilian y de su hermana Naila, de la educación que recibieron en casa y de la libertad que siempre tuvieron para elegir su propio camino. “Nadie podía imaginarse que pasaría algo así. Tanto a Kilian como a su hermana Naila, siempre les hemos inculcado que lo que hagan tiene que gustarles y que en el momento que signifique un esfuerzo para ellos deben dejarlo. Esta era la base”, explicó Eduard Jornet.

Aquella manera de educar no estaba basada en empujarles hacia una carrera deportiva. La montaña estaba presente desde que eran muy pequeños porque era también el lugar elegido por sus padres para vivir. Eduard contó que Kilian tenía apenas dos años cuando ya vivía con ellos en el Refugi de Cap del Rec, en Lles.

Kilian Jornet creció rodeado de montaña

Para Eduard Jornet, la relación con la montaña comenzó mucho antes del nacimiento de sus hijos. Recordaba que desde pequeño había disfrutado jugando entre palos, flechas y cabañas y que, cuando llegó a los 25 años, ya tenía claro que aquel era el entorno en el que quería desarrollar su vida.

Cuando le preguntaron por qué había elegido precisamente la montaña, su contestación fue muy sencilla: “Porque la necesito”. No la entendía únicamente como un escenario para practicar deporte, sino como el lugar en el que se encontraba cómodo y en el que podía disfrutar de una forma de vida diferente.

Esa relación pasó de forma natural a Kilian y Naila. “Con cuatro años tanto él como Naila venían a Laponia con nosotros”, contó. Sus padres los llevaban consigo incluso en travesías exigentes, en las que atravesaban ríos de agua helada y se enfrentaban a situaciones que exigían precaución.

Eduard rechazaba que aquello fuera una imprudencia. Sí reconocía que había momentos en los que debían extremar las precauciones, especialmente al atravesar puentes colgantes. “Yo dejaba a Kilian en una punta con Núria y lo cruzaba para asegurarme. Luego lo cogía y me lo llevaba”, explicaba.

A los 13 años pudieron elegir otro camino

Kilian ha contado en alguna ocasión que hasta los 13 años no tuvo realmente la oportunidad de elegir una vida diferente. Su padre matizó aquella idea al recordar que, llegado ese momento, tanto él como su hermana tenían otras posibilidades delante.

“A esa edad ambos tuvieron la oportunidad de cambiar sus vidas”, explicaba Eduard. Kilian estudiaba violonchelo y Naila violín en el conservatorio de Andorra. Los dos contaban con formación musical y continuaban con sus estudios, por lo que podían haberse alejado del entorno en el que habían crecido.

Sin embargo, terminaron escogiendo la montaña. “Podían haber cambiado, pero eligieron el hábitat en el que crecían”, señaló su padre. Para él, aquella decisión era importante precisamente porque había partido de ellos y no de una obligación familiar.

Ese principio encaja con la educación que aseguró haberles transmitido desde pequeños: hacer aquello que verdaderamente les gustara y abandonar una actividad si dejaba de tener sentido para ellos.

“En la montaña haces amigos”

Eduard Jornet también habló durante aquella entrevista de la imagen de soledad que suele asociarse a la montaña. Él nunca la percibió de esa manera. De hecho, aseguró sentirse mucho más incómodo entre multitudes que en un refugio o en un entorno natural.

“Yo me agobio en el Passeig de Gràcia en un día como el de Sant Jordi o en unos grandes almacenes. No lo soporto”, reconocía. Su preferencia era estar rodeado de pocas personas, en grupos en los que fuera posible conversar y compartir experiencias.

“En la montaña haces amigos”, afirmaba. Pero también defendía la necesidad de aprender a observar el entorno. “Cuando la gente va allí miran y no ven. Hay que detenerse, observar, escuchar y disfrutar”, explicaba.

Para él, esa forma de relacionarse con la naturaleza era tan importante como cualquier reto deportivo. Una idea que ayuda a entender el ambiente en el que crecieron Kilian y Naila y la naturalidad con la que ambos incorporaron la montaña a sus vidas.

El respeto por una montaña a la que siempre se vuelve

Eduard Jornet conocía también los riesgos de ese entorno. En la entrevista recordó una experiencia sufrida cuando tenía unos veinte años, en Coma de Vaca, donde tuvo que escalar por una roca y vivió un par de caídas que le hicieron temer por su vida.

También recordó uno de los episodios más duros vividos por Kilian, cuando una cornisa cedió en una arista del Mont Blanc y Stephane Brosse, uno de sus ídolos, sufrió una caída mortal.

“A la montaña hay que respetarla, pero siempre acabas volviendo”, decía Eduard. Una frase que resume la relación que la familia Jornet ha mantenido durante años con ese entorno: un lugar de libertad y aprendizaje, pero también un espacio que exige experiencia, prudencia y respeto.

En el mismo sendero: