SIBO: cuando el intestino pierde su ritmo

SIBO: cuando el intestino pierde su ritmo

SIBO: cuando el intestino pierde su ritmo - Indómito

Por Lic. Inés Lupion, Nutricionista IG @Inelupion | Equipo ComeSano IG @comesanosalta

Ya me conozco, siempre me hincho”, ”hay cosas que directamente dejé de comer porque sé que me van a caer mal”, “me despierto bien, pero a la noche parezco embarazada.” Estas son algunas de las frases que se escuchan diariamente en el consultorio. Muchas personas conviven con estos dichos durante años. Se acostumbran. Lo naturalizan. Pero el cuerpo no habla porque sí.

En algunos casos, detrás de esa distensión persistente puede estar el SIBO: sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Un nombre técnico para algo que, en el día a día, se siente como inflamación constante, gases, molestias y una relación cada vez más tensa con la comida.

Nuestro intestino está lleno de bacterias y eso es saludable. Pero el problema no es que existan, sino dónde y en qué cantidad. El intestino grueso está preparado para alojarlas en gran número, en cambio, el intestino delgado, no. Cuando las bacterias se multiplican en exceso en esa zona, comienzan a fermentar los alimentos antes de tiempo generando gases, presión y malestar.

SIBO: cuando el intestino pierde su ritmo - Indómito

Pero el SIBO no es solo un fenómeno digestivo. Muchas personas describen cansancio inexplicable, bloqueo mental, cambios en el ánimo. Porque el intestino no es un órgano aislado: es un centro de comunicación con todo el cuerpo.

Y algo importante: el SIBO no aparece de un día para otro. Muchas veces es la consecuencia de estrés sostenido, antibióticos repetidos, digestiones aceleradas, comidas sin pausa u horarios desordenados. El intestino tiene un mecanismo natural de limpieza entre comidas. Cuando ese ritmo se altera, el equilibrio también.

Por eso el abordaje no debería centrarse solo en “qué saco de la dieta”. Reducir alimentos fermentables puede aliviar síntomas temporalmente, pero el objetivo no es vivir restringiendo cada plato. El verdadero trabajo está en restaurar el balance: mejorar la motilidad intestinal, regular el estrés, acompañar la digestión, reconstruir la diversidad microbiana.

No toda hinchazón es SIBO. Y no todo SIBO se manifiesta igual. Por eso es fundamental la evaluación profesional. Pero lo que sí es universal es que convivir con malestar constante no debería ser normal. Escuchar ese mensaje no es obsesionarse con la comida; es empezar a entender el propio cuerpo. A veces, sanar empieza por dejar de minimizar lo que sentimos.

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