Patagonia Run 2025: una edición memorable que deja una cicatriz invisible que se lleva como un tesoro

Patagonia Run 2025: una edición memorable que deja una cicatriz invisible que se lleva como un tesoro

Patagonia Run 2025 - Indómito

Por Yaca Austerlitz – IG @yacaauster

Hoy ya todos están con su rutina normal y habitual.

Sí, terminó con un éxito categórico la 15° edición de la emblemática prueba de trail running de San Martín de los Andes, mi querida Patagonia Run.

En primer lugar, quiero destacar la excelente transmisión en vivo de la 15º edición de Patagonia Run que hicieron Mauri Pagliacci y su gran equipo. Sinceramente fue digna de imitar.

Si bien Patagonia Run siempre se caracterizó por el cuidado de los corredores y por la amabilidad y el sentido de pertenencia de los chicos y chicas de los PAS y, sobre todo, por la perfecta marcación de todos los circuitos, en esta edición también sobresalió por la sublime transmisión con tecnología de primer nivel.

El que corrió Patagonia Run se tiene que sentir un privilegiado, lo digo por experiencia propia. Ni hablar de la carrera madre 100M.

En esta edición especial, seguí muy de cerca a mis amigos personales Tano Isola (dorsal 26) y Marquitos Herrera (dorsal 370), excelentes personas y apasionados del trail, apoyándolos cada kilómetro, aunque no lo crean, en distancias tan largas es fundamental cada aliento.

Crónica de 100 millas: la noche más larga en Patagonia Run

San Martín de los Andes, Patagonia Argentina. Abril, frío, barro y silencio. Todo empieza con una línea de salida y termina en una versión nueva de uno mismo.

Correr 100M no es poca cosa. Por tal razón, a aquellos corredores que se animaron a estar en la línea de largada los admiro profundamente. El solo hecho de estar ahí es un logro que seguramente tomará dimensión más adelante. Son guerreros y guerreras del ultra trail.

Hay desafíos que no se eligen con la razón. Se corren con el cuerpo, se piensan con el alma. Las 100 millas de Patagonia Run no son una carrera: son un umbral. Una puerta hacia lo desconocido, hacia esa parte de uno mismo que solo aparece cuando ya no quedan fuerzas…, pero se sigue.

En esta 15° edición, la largada fue pasado el mediodía del viernes (cuando yo la corrí también fue en el mismo horario, al lado del mágico lago Lacar).

El pueblo palpitaba una energía difícil de describir. Bastones en mano, linternas apagadas, un murmullo de nervios e ilusión. Después, el sendero. El bosque. El silencio.

Al principio el cuerpo obedece. Las piernas responden, el ritmo se sostiene. Pero la montaña espera. Y cuando cae la noche, muestra su verdadero rostro.

En la Patagonia, la oscuridad tiene peso. No es solo ausencia de luz, es una presencia en sí misma. En los tramos altos, con el viento cortando la cara (¡Dios…, subir el cerro Colorado con el viento en la cara!) y el barro atrapando los pies, uno se enfrenta a un silencio que no es paz, sino confrontación. Es ahí donde empieza la verdadera carrera: cuando se apagan las voces de afuera y aparecen las de adentro.

Pasado el kilómetro 80, la noche parece eterna. Los pensamientos giran en espiral. Cada paso duele. Cada resbalón agota. En un puesto de asistencia, alguien ofrece sopa caliente, siempre con la amabilidad característica de Patagonia Run, y una predisposición y gentileza inigualables. No hablamos. Solo agradecemos con los ojos. Hay gestos mínimos que salvan.

A lo lejos, los primeros trazos del amanecer. Pero el cuerpo no celebra, sigue en modo supervivencia. Quedan subidas técnicas, bajadas traicioneras, tramos donde avanzar es una lucha de voluntad. La luz del día no borra el cansancio. Solo lo revela.

Y finalmente, después de más de 29 horas de esfuerzo continuo, la meta. La gente amablemente aplaudiéndote como si fuesen tus íntimos amigos o familiares. La medalla cae sobre el pecho. No hace falta. Hay lágrimas, hay temblores, hay una certeza: esta carrera cambia algo adentro. Deja una cicatriz invisible que se lleva como un tesoro.

Las 100 millas de Patagonia Run no se corren para ganarlas. Se corren para perder el miedo, para tocar el límite y cruzarlo. Y para volver del otro lado con la certeza de que somos mucho más fuertes de lo que creemos.

Mi objetivo desde que empecé a correr fue hacer las 100M de Patagonia Run, con confianza y fe. Como diría Atahualpa Yupanqui “No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo respeto es al trance, el ir hacia allá. Confieso que tengo curiosidad por saber de qué se trata”.

En definitiva, en Patagonia Run ganan todos, es una verdadera fiesta. El corredor no se olvida jamás la experiencia y el cariño vividos, y el pueblo está feliz de recibir tanta gente, ya que la carrera genera un impacto económico sorprendente, un efecto dominó positivo.

Resultados 2025

En cuanto a los resultados, en los 110K (con más de 6000 metros de desnivel positivo), el uruguayo Alberto González Acuña se impuso en 13h36m46s, seguido por los argentinos Santiago Serra y Mariano Lencinas (ambos en 14h40m35s). El podio femenino quedó integrado por Mariana Fernández (15h15m36s), Verónica Ramírez (15h48m08s) y Denise Da Maia (16h01m11s).

En los 70K, la prueba fue para Patricio González (7h19m56s) seguido por Cristian D´Alfonso (8h08m05s) y Juan Manzano (8h10m46s). Entre las mujeres, Maira Mardones (9h35m26s) fue la más rápida. La escoltaron Tania Díaz Slater (9h46m16s) y Emiliana Bolontrade (9h47m38s).

Más de 1.700 corredores disfrutaron las 100 Millas, los 110K y los 70K de la 15° edición de Patagonia Run, el Festival de Trail y Ultra Trail más grande de América.

En cuanto a mi carrera favorita, (seguramente algún día volveré), hago referencia a las 100 millas (con más de 9.300 metros de desnivel positivo), en varones quedó en manos del uruguayo Maxi Vázquez y en mujeres el triunfazo fue de la mendocina Gabrielli. A continuación, el top ten de la general.

Hasta el año que viene, mi querida Patagonia Run, felicitaciones a Mariano Álvarez y a todo su gran equipo.

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