Por Yaca Austerlitz – IG @yacaauster
Si bien soy un agradecido de la vida, tengo salud, hijos sanos y alegres, una mujer incondicional, buenos hermanos, excelente madre, un buen padre, grandiosos amigos, demasiado trabajo… (mucho, ¿no? ¡Diría muchísimo!), también tengo un nudo en el pecho inmenso, una angustia que no puedo manejar. No sé cómo sacarla, es como una presión en el pecho continua y me alivia llorar.
Sí…, los hombres lloramos y no me da vergüenza decirlo. Sí lloro y me hace bien; lo hago a solas, cuando no están mis hijos ni mi mujer. Llorar puede ser incluso un acto de valentía: reconocer lo que se siente, enfrentarlo y dejarlo salir. La idea de que los hombres deben ser siempre fuertes, duros o imperturbables es un estereotipo cultural salteño que ha hecho mucho daño reprimiendo emociones naturales. Soy un antimachista.
Esta angustia que tengo es por la ausencia de él, un gran amigo…, “el que siempre reía”. Se fue de este mundo y hoy no lo puedo superar.
La verdad, pienso que hay personas que parecen estar hechas de otra materia. Que viven con una intensidad contagiosa. Que ríen más fuerte, que corren más lejos, que abrazan más sincero. Many era así, alegre como pocos, generoso sin medida. Gran amigo, gran padre, de esos que están cuando se los necesita —y también cuando no. Vivía con el corazón abierto. Por eso su partida fue un golpe que todavía no terminamos de entender.
El 18 de octubre de 2024 le hice una entrevista. Recibí muchos elogios y yo sabía que era por él, por su carisma, por su forma de vivir la vida, con tanta alegría, ¡qué paradoja!, ¿no? Hoy esa conversación se vuelve testimonio. Cuando le pregunté “¿de dónde sacás las fuerzas o qué te genera ese plus para ganarle a la adversidad en los momentos mentalmente difíciles?”,me respondió sin dudarlo:
“Con respecto al tema de las adversidades, no creo tanto en ellas. Creo que la vida se plantea de esa manera, pienso que la vida es un juego y hay que vivirla, hay que saber cómo llevarla. Algunas veces te tocan momentos fáciles, otras veces te tocan momentos difíciles, pero para todo el mundo es igual, hay que levantarse y seguir adelante. Creo que la vida es así, siempre seguir adelante…” (En https://indomito.com.ar/berlin-a-sus-pies/).
Piel de gallina me da en estos momentos, claro, con el diario del lunes todo es fácil.
Ese era Many. Firme y sensible. Fanático del rugby, del running, de sus hijos, de la amistad. Hablaba de la vida como si fuera un deporte colectivo: para ganar, hay que pasar la pelota. Compartir. Ayudar. No dejar a nadie solo. Many, te fuiste corriendo al mar una vez más. En mi club, Many, humilmente para mí, era la persona más querida por todos y todas; si no, lean textualmente lo que me contestó a otra pregunta que le hice, y tomen sus propias conclusiones:
¿Qué significa el rugby y en especial el Jockey Club Salta para vos?
En https://indomito.com.ar/berlin-a-sus-pies/
El rugby es mi vida, yo sueño todas las noches que sigo jugando. Cuando me levanto siempre pienso en el rugby y a toda hora; la verdad sigue siendo mi vida. Y el Jockey Club de Salta es lo más grande. Creo que después de la familia, el Jockey es todo: los valores, la amistad. Yo llego al club y soy realmente feliz, siento una felicidad inmensa, y trato de trasmitirle todo esto a mis hijos. Pienso y siento que todo el club son mis amigos, y que nunca me sentí solo al pertenecer al Jockey Club de Salta. Eso me llena el alma.
Nunca lo vi como alguien que necesitara ayuda. Y quizás por eso siento esta angustia en el pecho, como impotencia. Porque a veces quienes más acompañan son quienes menos saben cómo pedir ser acompañados. Su luz era tan grande que no imaginé nunca que pudiera haber sombra.

No escribo esto para buscar culpables ni respuestas imposibles. Lo escribo para recordarlo. Para decir que su alegría era real. Para que no se nos olvide lo que nos enseñó: que hay que vivir con ganas, pero hablar también, hablar/desahogar. Y ojalá sirva para que alguien, en otra parte, se anime a hacerlo. A decir: “me pasa algo”. O a preguntar con el corazón abierto: “¿estás bien?”. Porque estar de verdad puede salvar a alguien. Many, gracias por todo lo que fuiste. Hoy te escribo con dolor (esa presión que siento en el pecho), pero también con gratitud. Porque nos dejaste más vivos. Y aunque suene duro, la vida continua, mi vida continua, “por eso del dolor me alzo, no por ausencia de heridas, sino por la certeza de que mi familia merece lo mejor de mí, es mi responsabilidad.»
“Cuando experimentes algún dolor, ten presente que no es una infamia, que no te envilece el alma que te gobierna y que no la altera ni en su sustancia ni en sus cualidades de sociabilidad. Por otra parte, en la casi totalidad de los casos en que sufras, puedes recordar este pensamiento reconfortante de Epicuro: «En los sufrimientos no hay nada eterno, ni imposible de soportar, si consideras que todo tiene límites y si no añades a ello tus prejuicios». Acuérdate también de esto; que hay muchos contratiempos, parecidos al dolor, que nos causan una irritación oculta; por ejemplo, la somnolencia importuna, el excesivo calor, la falta de apetito. Si estas molestias te impresionan, puedes decir que sucumbes al dolor.”
Marco Aurelio
Conclusión
Seguir viviendo sin vos duele, pero también nos empuja a vivir como vos lo hacías: con entrega, con alegría, con esa forma tuya de cuidar sin decirlo. Hoy tu ausencia es inmensa, pero tu paso por esta vida fue tan luminoso que dejó huellas que no se borrarán.
Ojalá aprendamos de vos a mirar mejor, a estar sin condiciones. Ojalá podamos, entre todos, sostener lo que dejaste. Porque, aunque ya no estés, seguís corriendo con nosotros y seguirás acompañando en una cancha de rugby al Dr. “Bachi” Guzmán, a la “Garza” Costas, al “Negro” Boniccelli, ente otros incondicionales fanáticos del club. El club te ama, te amará de por vida, porque cuidar también era tu manera de jugar.


